Hay una anecdota que me encanta compratir en reuniones por su simplesa en expresar que en el mundo se requiere gente de múltiples oficios y profesiones.
Se dice por ahí que en alguna reunión social se conocieron el torero Rafael Gómez Ortega “El Gallo” y José Ortega y Gasset siendo presentados por José María de Cossio. En la conversación Ortega y Gasset le preguntó a El Gallo sobre su ocupación, a lo que él respondió, “me dedico a matar toros”, seguidamente El Gallo indaga a Ortega y Gasset sobre su ocupación. Ortega y Gasset responde, “soy filósofo, me dedico a pensar”, a lo que El Gallo animadamente afirmó «Tié q’haber gente pa’tó»
Los protagonistas de esta anecdota nacieron en la década de los ochentas del siglo diecinueve, por tanto es presumible que esto hubiese pasado en el primer tercio del siglo diecinueve cuando los dos ya gozaban de reconocimiento y fama.
Si bien esta anécdota es muy popular, aparentemente hay versiones de que no fueron estos personajes los protagonistas de la misma. Hay un registro publicado a mediados del siglo veinte por el poeta Pedro Salinas en la revista mexicana Cuadernos Literarios que ubica la anecdota mucho antes y narra que un histólogo madrileño que visitaba córdoba conoció igualmente al torero Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”. Cuando fueron presentados por un académico amigo mutuo, este explicó al torero en que consistía el trabajo de un histólogo a lo que el gran torero observó, “Ná, ná, don Fernando, que azí ez er mundo. ¡Hay gente pa’tó!”
Don José Ortega y Gasset
Rafael Gómez Ortega “El Gallo”
Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”